A finales del siglo XX, durante varios cursos académicos propuse, a los alumnos de 5º curso de Historia Moderna y Contemporánea, realizar un trabajo práctico de investigación de Historia Oral. La propuesta consistía en entrevistar a personas de cualquier nivel social, económico y educativo, mujeres y hombres, con una sola condición cronológica: que sus recuerdos abarcaran períodos históricos -no necesariamente todos- que comprendían la Segunda República, la Guerra española de 1936 a 1939 y las dos primeras décadas de la Dictadura franquista. Los entrevistados no tenían que conocer todas las etapas, pero al menos una de ellas, de manera que, en algunos casos, los menos, se recogieron testimonios de personas que habían conocido las tres etapas, otros la Guerra y la Dictadura, y un tercer grupo solo aporta testimonios sobre cómo se vivieron los años de escasez y penurias del que se conoce como Primer Franquismo.
Por otra parte, no había que buscar personajes relevantes de la vida pública de esos años, aunque en algunos casos los hay, si no que se buscaban testimonios de lo que podríamos denominar, personas anónimas, hombres y mujeres con una vida normal, de cualquier profesión y nivel socioeconómico, y las entrevistas tenían que centrarse en la vida personal de los entrevistados.
Para preparar las entrevistas, en clase se hizo un breve seminario de técnicas de historia oral, cómo se busca el ambiente para que la entrevista sea cómoda y ofrezca resultados -no todos los entrevistados tienen la misma locuacidad-, cómo iniciar la entrevista para que se genere empatía y confianza, cómo plantear los temas de mayor interés -nivel de vida, trabajo, familia, ocio, libertades, situación sociopolítica, etc.-, y cómo profundizar en algún tema, sin provocar tensión o que el entrevistado deje de hablar de determinado tema.
Finalmente, se elaboró un documento de consentimiento del entrevistado, para el uso de su testimonio con fines de investigación histórica. Y, por mi pate, me comprometí con mis alumnos a que nunca usaría el material obtenido en una investigación personal, pero ese material podría ser usado por otros investigadores, siempre bajo mi supervisión, y con la condición de que siempre se citaría al entrevistador, que el alumno que hubiera realizado la entrevista, tendría su reconocimiento por parte de quienes usaran su trabajo, como así ha sido.
El resultado final fueron 126 entrevistas, con una media de unos 75 minutos de conversación, reunidas en más de 150 cintas de magnetofón -varias entrevistas ocupan dos o más cintas- con sus correspondientes transcripciones en papel.
También había acordado con los alumnos que realizaron las entrevistas, que las cintas y las transcripciones pasarían, pasado un tiempo más que prudencial, a los fondos de la UCA, a disposición de los investigadores. Ese proceso comenzó a preparase en el año 2019, cuando las condiciones tecnológicas habían cambiado notablemente, de manera que ya no me planteaba depositar los documentos -audios y transcripciones- en la biblioteca o archivo de la UCA, lo que había que hacer era digitalizar las cintas y escanear las transcripciones, asegurando su duración temporal.
A comienzos del curso 2019-2020, la alumna, Itziar Pérez Macías, realizó sus prácticas externas del último curso de Historia en la Unidad de Estudios Históricos del Vino, donde están depositadas las cintas. Lo hablé de las entrevistas y aceptó realizar su inventario y catalogación, por una parte, en orden alfabético, por otra cronológico, así como por el curso académico y fecha en el que se realizaron las entrevistas.
Llegó la pandemia y el proyecto sufrió el parón que el “bichito” provocó en tantas cosas de nuestra vida. Pero con la consolidación del Instituto de Investigación de Estudios del Mundo Hispánico y su proyecto HISPANOLAB, ha permitido incluir la página “Memoria ciudadana” para digitalizar y poner a disposición de la comunidad científica las entrevistas.
Como se indica más arriba, la primera clasificación temática podría ser la cronológica, pero de hecho no se cumple con rigor esa ordenación, pues en algunos casos los entrevistados aportan testimonios de las tres etapas.
Otra clasificación podría ser sociolaboral, pero como también se ha dicho, hay personas de todo tipo de ocupación laboral y nivel económico. Hay entrevistas con mandos del régimen franquista y con miembros de la oposición en la clandestinidad; con profesionales liberales y obreros; con amas de casa y mujeres que ejercieron una profesión fuera del hogar; con “señoras” y personas del “servicio doméstico”; con periodistas y carnavaleros; con taberneros y consumidores…, como decíamos, el espectro social de los entrevistados es tan amplio, como rico el resultado final.